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Por Luis Augusto Weckesser
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A la memoria de mi esposa Delia Denevi, cuya ayuda se terminó cuando la voraz enfermedad de cáncer ramificado que sufrió, le atacó la inteligencia primero truncando lo que iba a ser una brillante carrera y años después terminó con su vida. Me deja como reflexión, que:
Nos casamos a los veinte años y crecimos juntos.
De existir me hubiera podido ayudar a no trabarme en este relato como me trabé, con sus condiciones naturales de redacción que su apellido parecía justificar genéticamente .
Frenaba mis rabietas en los informes policiales y me hacía entender sobre la conveniencia de usar sinónimos suavizantes de la forma, hasta que con el tiempo aprendí que entre el blanco y el negro están los matices, que bastantes veces también suelen servir.
Necesité de ella para no ser tan atropellado ya que desde cadete fuí siendo preparado para la acción y pienso que ello es lo antipolítico, vale decir divorciado del arte de lo posible mediante la persuación, el ingenio y la paciencia.
Si dudamos créo que viendo los errores de orden socio económico que cometieron los uniformados en general cuando se metieron a políticos, lo demuestra. Nuestros hijos Alberto y Candela, son los que ahora me ayudan a pensar como antes lo hacía su mamá, lo que les agradezco con todo mi amor de padre.
Luis Augusto Weckesser
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